La parroquía es el eje histórico y espiritual del desarrollo de la ciudad de Molina, consolidándose en torno a la Plaza de Armas como un símbolo de identidad tras sobrevivir a diversos terremotos, incluyendo el de 1928 y el de 2010. Su valor patrimonial trasciende lo religioso, siendo un punto de referencia arquitectónico y comunitario que ha acompañado la evolución de la comuna desde la época colonial hasta su consolidación actual.